Los mecanismos de defensa:
Los mecanismos de defensa o represión -según Daniel Goleman- son, en esencia, trucos de la atención a los que recurrimos para evitar el dolor. Son formas en que la mente es capaz de evitar que pensamientos y recuerdos dolorosos pasen al área de la conciencia. Sean cuales fueren las características específicas de las defensas, todas ellas comparten la misma finalidad y el mismo objetivo: constituyen dispositivos cognoscitivos para modificar y distorsionar la realidad a fin de evitar el sufrimiento.
Las defensas más utilizadas suelen convertirse en maniobras mentales habituales. Lo que funcionó bien en momentos críticos, lo que mantuvo la angustia bajo control y con resultados positivos, probablemente será aplicado de nuevo. Una defensa exitosa se convierte en un hábito, y el hábito modela el estilo de actuación de una persona. En otras palabras, significa que cultivamos ciertas partes de nuestra experiencia mientras que bloqueamos otras. Fijamos fronteras al espectro de nuestros pensamientos y sentimientos, limitamos nuestra libertad de percepción y de acción a fin de sentirnos tranquilos.

A través de microsucesos -situaciones o escenas que se repiten numerosas veces-, el niño aprende una serie de determinados esquemas y de maniobras de defensa, en las que confiará cada vez que sienta angustia ante el peligro. "Los esquemas de atención que se aprenden en la infancia se autoperpetúan: Una vez que se ha aprendido a esperar una determinada amenaza, el individuo está predispuesto a buscarla, encontrarla y confrontarla...o a apartar la mirada y evitarla.
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